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Lo que una lata de bebida hace por el planeta y aún no conoces

En la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero también cuentan los pequeños gestos y las pequeñas cifras. Posiblemente no somos conscientes de que algo tan cotidiano como consumir un refresco envasado en una lata de aluminio esconde años de innovación que se traducen en un menor impacto ambiental en forma de gases de efecto invernadero o consumo de materias primas para fabricar el envase.

Tras el consumo de la bebida, la lata vacía debe depositarse en el contenedor amarillo, donde comenzará su viaje hacia el reciclaje. Pero las ventajas y curiosidades de este familiar envase son más de las que uno se pueda imaginar.

La lata de bebidas es uno de los envases más sostenibles del mercado. Su aluminio puede ser reciclado de forma infinita si se recupera a través de la separación y la recogida selectiva, de ahí que no debemos olvidar la responsabilidad del usuario de separar correctamente el residuo para que el ciclo del reciclaje se ponga en marcha.

Lo que el público desconoce es que una vez que la lata se deposita en el contenedor amarillo, tarda una media de dos meses en volver a las manos del consumidor en forma de nueva lata o como parte de cualquier producto metálico.

Con el paso de los años, la forma de estos envases y su utilidad no ha variado mucho, pero sí sus características físicas. Las latas de bebidas pesan un 30% menos que hace tres décadas y son capaces de aguantar una presión interna mayor que la de un neumático de coche. Su peso es hoy inferior dado que en su fabricación se emplea menos cantidad de aluminio sin perder rigidez, estanqueidad, opacidad, etcétera, para contener en su interior bebidas con o sin gas. Detrás de la lata se esconden años de innovaciones y, en síntesis ecodiseño.

Metal Packaging Europe, la asociación de productores europeos de envases metálicos rígidos y sus socios de la cadena de suministro para la fabricación de latas de bebidas realizaron un profundo análisis de ciclo de vida de los recipientes más comunes en el mercado: las latas de aluminio de 25, 33 y 50 cl. de capacidad. Durante diez años se realizó un control de todas las fases del proceso de fabricación, desde la extracción de los materiales necesarios para elaborar el envase hasta el final de su vida útil.

El estudio, cuyos datos se hicieron públicos en 2019 revelaron que la huella de carbono resultante de la fabricación de estos envases se había visto reducida en un 31% de promedio. Las mejoras en los procesos de fabricación permiten realizar un consumo sostenible de materias primas y optimizar el gasto energético necesario para elaborar este tipo de envases. La reducción del peso de cada lata también se tradujo en avances para la logística y distribución así como hacer más sencillo su reciclaje.

Fabricantes como la multinacional Ball, una de las referencias mundiales en la fabricación de latas de bebidas, indicaba en su reporte anual de 2020 un aumento de su producción en un 5% -datos del ejercicio de 2019-. Ball incrementó el número de latas fabricadas evitando el uso de 5.000 toneladas de aluminio gracias a la reducción del peso de los envases. Esto también supuso evitar la emisión de más de 16.000 toneladas de gases de efecto invernadero a la atmósfera, según reporta la compañía.

La lata de bebidas es el envase más reciclado del mundo, según recuerdan desde la Asociación de Latas de Bebidas. Actualmente en España se recuperan 8 de cada 10 latas. Reciclar una lata supone ahorrar el 95% de la energía necesaria para crear una nueva y la suficiente para mantener un televisor en funcionamiento durante tres horas.

Una historia de ecodiseño

Hay que remontarse a 1909 para ver los primeros intentos de utilizar las latas para contener y conservar bebidas, pero la reacción química entre metal y contenido así como las dificultades de cierre para soportar la presión interior, no llegaron a buen término. Hubo que esperar hasta el 24 de enero de 1935 para que las primeras latas de bebidas llegasen al consumidor. La cervecera Krueger, de la ciudad norteamericana de Newark (Nueva Jersey), consiguió poner en circulación sus 2.000 primeras latas de su cerveza Finest Beer. Esta producción fue a parar a manos de sus clientes más fieles junto con una pequeña encuesta para detectar la aceptación de una cerveza enlatada por parte del consumidor. El 91% de los encuestados señalaron estar satisfechos con el nuevo envase.

Medio año después, Krueger disparó sus ventas multiplicando por cinco la producción. A finales de 1935 la cerveza en lata era un producto presente en la oferta de 37 fábricas cerveceras y ese mismo año se comercializaron más de 200 millones de latas.

En 1955 Coca-Cola llevó su refresco icónico en latas a las tropas americanas en Japón y el Pacífico. Cuatro años después, la multinacional de Atlanta había asentado el envase metálico entre sus clientes. En España, las latas de bebidas no llegan al mercado hasta 1966. La cervecera Cruz Blanca lanzó al mercado la lata de Skol y poco tiempo después El Águila iniciaba el enlatado de sus cervezas.

Cuando se cumplen 85 años desde la aparición de la primera lata de bebidas, aquella cerveza americana de Krueger, las latas han adelgazado. De los 115 gramos que pesaba la primera lata, las que se usan hoy en día han pasado a pesar tan sólo 13 gramos sin dejar de lado su resistencia y simplificando su reciclaje.

Las primeras latas de bebidas estaban cerradas con un tapón de corona, lo que popularmente conocemos como “chapa” y su forma era la de una botella metálica. No pasó mucho tiempo hasta la llegada del cierre plano de la lata, dándole forma de cilindro, con dos espacios para hacer sendos agujeros con un abrelatas, uno para vaciar el contenido y otro para la entrada de aire en la lata. La mejora del envase presentó en la década de los sesenta la lata con apertura con lengüeta y anilla que se separaba de la unidad de la lata y permitía su apertura de una forma fácil. Durante muchos años no era raro ver esas lengüetas y anillas tiradas en el suelo, en las playas o en parques, un hecho que preocupó a fabricantes y envasadores. En 1988 se elimina este cierre y nace el sistema “Stay on tab”, una apertura que no se desprende del envase proporcionando una mayor comodidad al tiempo que facilita la recuperación de la lata vacía en su integridad para su reciclaje.

La superficie exterior también ha recibido mejoras como el uso de tintas ecosolventes aplicadas sobre el aluminio, sin la necesidad de nuevas etiquetas, abriendo el camino a una recuperación integral de las latas vacías. Además, aparecieron las tintas termosensibles, que indican cuando se había alcanzado la temperatura ideal de consumo de la bebida. Un estudio realizado en 2019 por Accenture a nivel mundial revela que el 83% de los consumidores creen que es importante o muy importante que las empresas diseñen sus productos para que sean reutilizables o reciclables. Más de la mitad de los encuestados aseguraron estar dispuestos a pagar por ello.

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