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Mexical, el I+D gallego abre la puerta de la economía circular al sector mejillonero

¿Qué se puede hacer con la cáscara del mejillón y con la parte orgánica que no se aprovecha en la industria conservera? El sector produce 250.000 toneladas de producto al año y una asombrosa cantidad de desechos que se convierten en un material de rechazo que es necesario gestionar, procesar y eliminar. Al menos, hasta ahora, poco más se podía hacer, y no dejaba de ser una carga ambiental.

Galicia, uno de los líderes mundiales de producción de mejillón, es el escenario de un proyecto de I+D con el que se ha conseguido convertir el residuo de las mejilloneras en un producto de alto valor añadido. Los responsables de la conservera gallega Vitalmar vieron en los desechos que generaba su actividad una interesante oportunidad para dar continuidad a su trayectoria innovadora a lo largo de los más de 40 años de historia de la compañía. Enseguida buscaron aliados que compartían inquietudes e interés por dar valor a esta fracción resto. De ahí nace Mexical, un proyecto innovador que abraza la economía circular que ha merecido el respaldado por la Agencia Gallega de Innovación (GAIN) de la Xunta de Galicia a través del programa Conecta Peme, con una aportación de medio millón de euros de fondos europeos FEDER. Vitalmar, que ejerce de líder del consorcio, está acompañado en el proyecto por la ingeniería Indutec, la constructora Galaytec y Tresima, gestor de este tipo de residuos. El Centro Tecnológico de Investigación Multidisciplinar, CETIM, aportó la parte de investigación a través de sus laboratorios en el municipio coruñés de Culleredo.

El proyecto parecía tener su meta en el aprovechamiento por separado de la concha del mejillón -materia inorgánica- para elaborar abono, y del resto de la vianda del molusco que no se emplea en la conserva -materia orgánica- como un pienso para granjas avícolas. Sin embargo, en las últimas fases del estudio, los técnicos de CETIM demostraron que mezclando las dos partes, se obtiene un fertilizante de alta eficacia para el suelo. “El abono que hemos conseguido tiene un aporte del 7,5% de materia orgánica, un producto de origen natural elaborado con una materia que era tratada como un residuo”, aclara Marcos Sánchez Rodríguez, director del equipo investigador de Mexical en Cetim. El material obtenido es un fertilizante indicado para suelos con un pH ácido o en terrenos pobres en micronutrientes en los que, gracias al aporte de este compuesto, es posible cultivar, productos de huerta de calidad, entre otros.

Los expertos de CETIM lograron sintetizar y estabilizar ambas fracciones del residuo en un encapsulado del tamaño de un pelet con un largo período de vida útil. En condiciones adecuadas se mantiene sin mayor dificultad a pesar de no contener ningún aditivo o conservante artificial. Este encapsulado “libera el fertilizante de forma gradual en el terreno”, consiguiendo una mayor eficacia en los cultivos. Los ensayos en diferentes tipos de tierras no dejan lugar a dudas sobre ello. “Hemos conseguido que terrenos pobres aumenten la presencia de micronutrientes y se hayan obtenido cultivos de gran calidad”, señala el investigador.

Reducción de la huella ambiental

Mexical ha puesto luz sobre una nueva oportunidad para caminar hacia los objetivos de desarrollo sostenible, consiguiendo múltiples ventajas para el sector. La propia conservera abre una nueva línea de negocio a través de la comercialización de fertilizantes y piensos a partir de un residuo. Además de reducir la huella ambiental de la fábrica se consigue un mayor control de la gestión de los descartes propios de esta industria, provocando un impacto positivo en la cuenta de resultados.

“El objetivo del proyecto está superado ampliamente”, afirma Marcos Sánchez, quien destaca que la inversión ya tiene un retorno tangible al margen del estudio de futuras aplicaciones del material obtenido con este proyecto. “Otros residuos de bivalvos como el berberecho, la almeja o la navaja, por ejemplo, podrán someterse a este proceso de valorización”, señala el investigador de Cetim.

El grupo Proinsa, la matriz de Vitalmar, cuenta con sus propias unidades de cultivo de mejillón en la ría de Sada (A Coruña), una moderna flota de barcos y una planta de procesado con más de cuatro mil metros cuadrados en Castro de Rei (Lugo) en la que produce más de cinco mil toneladas de mejillón en conserva al año. Con la instalación de la planta de valorización en la propia factoría se cierra el círculo y se genera una nueva fuente de ingresos a través de la comercialización de fertilizantes y piensos de origen natural para aves.

Artículo publicado en la revista Ruta Pesquera.

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