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«A las nuevas generaciones les falta el interés por empezar a leer. Una vez lo hacen, descubren los beneficios de la literatura»

“Se conseguimos que unha persoa, só unha, disfrute da poesía por vez primeira sería un logro marabilloso. Estaremos case salvando unha vida. Porque escoitar poesía é escoitar o que alguén ten que dicir e esforzarse por sentilo do mesmo xeito. É un exercicio precioso e preciso de empatía.”

Estas palabras pertenecen al poema “Non quero rosas”, de Aunque seas rara y seas pájaro, de Lúa Mosquera. Poeta incansable y libre, es uno de los ejemplos actuales de cómo la poesía puede entretejer sus palabras con las imágenes, la música o el video.

Con motivo del homenaje a Xela Arias en el Día de las Letras Galegas, pionera en romper las barreras del lenguaje, que abrió camino a las nuevas generaciones para experimentar y encontrar nuevas formas de expresión donde las palabras se llevan al límite, hoy hablamos con Lúa sobre la importancia de despojar a la poesía de su carácter elitista y hacerla accesible necesaria para todos.

Lo mejor de tus poemas es que están desprovistos de un lenguaje enrevesado. Tú misma los definiste como poesía desbarroquizada, poesía de barrio. ¿Por qué este afán de convertir en versos lo cotidiano, de contar las cosas tal y como son?

La desbarroquización de la literatura que siempre llevo a cabo atiende a dos razones principales, una relacionada con el escritor y otra con el lector. La del escritor porque la poesía siempre estuvo encasillada en un elitismo, no solo de temas, sino también de autores. De cada generación siempre hubo una agrupación de personas que se dedicaban a escribir poesía y a la que era difícil acceder, porque se debía tener un estatus académico muy marcado y un tratamiento de temas muy elevado: el amor, la muerte, la filosofía, las ideologías… Esto afecta también al lector, que está acostumbrado a leer poesía que no entiende. A veces somos un poco absurdos en ese aspecto, parece que lo que no entendemos es mejor. Nos pasa con muchas formas de expresión del arte, no solo con la poesía.

Mi pretensión al despojar la poesía de este misterio intelectual es justo esta: que el lector entienda que todo puede ser poesía, que cualquier cosa que pertenezca al lector en su vida diaria puede ser poesía. Este mensaje también va dirigido al escritor, se puede hacer poesía sin que haga falta que tengas un doctorado en filología detrás.

“No la voy a entender”, “la poesía no es para mí” y otras frases similares son frecuentemente escuchadas cuando hablamos de poesía. ¿Por qué hay tanta gente que cree es un género difícil e incomprensible?

Como ya decía, la gente tiene esta visión porque hay esta especie de prejuicio intelectual, de vallado alrededor de la poesía que tiene que ver con que solo pueda entenderla aquel que la escriba o que tenga determinados estudios. Y yo creo que la clave está en leer y recibir la poesía como recibimos, por ejemplo, la música. Normalmente una canción que escuchamos en cualquier plataforma la escuchamos sin entenderla, dándole una interpretación personal nuestra y somos capaces de disfrutarla. Así que a la poesía hay que darle una visión similar, recibirla como si fuera una canción, sentirla y acogerla sin miedo. Esta es la base para empezar a disfrutarla.

¿Cuáles son las razones por las que necesitamos desmitificar la poesía, hacer que deje de estar asociada a las élites, tanto de sentimientos como a nivel académico?

La principal razón es obvia: si la desmitificamos tiene la oportunidad de llegar a un mayor número de lectores, a un público más amplio, que simplemente no la leen porque no se atreven.

Hay otra, que también es importante, y tiene que ver con el sentido contrario, con el hecho de escribirla: seguramente nos estamos perdiendo autores y autoras muy interesantes solo por el hecho de que creen que tienen que hablar de sentimientos elevados y complejos, cuando realmente un poema puede contar lo que te pasa una mañana en la cola del paro, por ejemplo.

El objetivo ese: no perder lectores, sino ganarlos, y no perdernos a grandes escritores que posiblemente tengan instalado este prejuicio y no sean capaces de abrirse y arrancarse a escribir.

Tu obra no se compone solo de libros. Las redes sociales, un fanzine autopublicado, videobooks, audiopoemas… ¿De dónde nace tu interés por unir disciplinas? ¿Crees que llegarías de la misma intensidad al público solo con palabras escritas?

La unión de disciplinas es algo que me interesa desde siempre. No solo en la poesía, en cualquier expresión artística en la que haya tenido una mínima inmersión. Sobre todo en la época en la que estamos ahora, es tan fácil la comunicación, tenemos acceso a determinadas cosas, el arte en general tiene que ser entendido dentro de un contexto y este contexto puede ser arte al mismo tiempo. Si un poema ya puede llegarte de una forma determinada solo con la letra escrita, si le añades imagen o un elemento audiovisual, puedes llegar al público de una forma más intensa o incluso más amplia. Todo suma y la comunión de elementos es muy estimulante para los artistas que componen cada parte. También para el público, porque al final no deja de ser una forma de difusión más eficaz.

Y no, no creo que mi poesía llegaría de la misma forma si solo estuviese compuesta por palabras, si solo tuviese lugar en una plataforma, en el formato escrito. De todos modos hay poemas que son como un disparo y que funcionan sin ningún tipo de artificio.

Aun así, se trata como dije antes de llegar al mayor número de gente posible y el hecho de unir disciplinas ayuda muchísimo.

¿En un mundo como el que vivimos actualmente es necesaria esta mezcla para universalizar ya no solo el interés por la poesía, sino por la literatura en general?

Sí que es cierto que puede llegar a ser necesario porque estamos expuestos a muchísimos estímulos y disponemos de una gran oferta de ocio. Así que evidentemente, cuantas más disciplinas se unan, más impacto puedes causar.

Pero aunque puede que sea necesario, no creo que sea imprescindible. Dentro de este contexto de hiperestimulación, a veces necesitamos ese reducto analógico de coger un libro. La mezcla está bien y le da vida al trabajo literario, pero cuando una persona es amante de la literatura, seguirá disfrutando de esa parte más básica como es leer un libro.

Hablemos de las nuevas generaciones: Cuando nos referimos a una educación de calidad (ODS4) la ONU indica que la mitad de los niños y adolescentes del mundo no alcanzan los estándares mínimos en lectura y matemáticas. En cuanto a hábitos lectores, un reciente informe de la Federación de Gremios de Editores de España, indica que al cumplir 15 años, la cantidad de adolescentes que lee sufre un brecha, bajando del 70,4% a cerca de un 45%. En tu caso te encuentras actualmente dando clase a estudiantes de secundaria, tanto de lengua castellana como gallega. ¿Cómo se enfrentan a la lectura?

Aquí sí creo que la hiperestimulación y multiplicidad de ofertas de la que hablábamos afecta a las nuevas generaciones a la hora de leer. Lo que necesitamos enseñarles o demostrarles es por qué vale la pena. Lo único que les falta es el interés por empezar, porque una vez empiezan, sí que descubren los beneficios de la literatura. Ven lo mucho que les gusta, que les interesa, pero carecen de ese comienzo.

Mandar un libro obligatorio para leer en casa ya no basta, ¿no? ¿Qué herramientas usas para fomentar su interés?

Evidentemente no confío en obligar a nadie a leer un libro, me parece absurdo. Si alguien ya no siente esa llamada, imponerlo causa el efecto contrario. Es verdad que es complicado porque actualmente tienen demasiada oferta de entretenimiento y vemos a una generación demasiado práctica en algunos aspectos. Pero se trata de instalarles la necesidad de leer y por supuesto que hay herramientas para hacerlo.

En clase, para darles la oportunidad de conocer qué pasa dentro de un libro, les leo yo el principio. Lo escuchan, les llama la atención y quieren continuar sabiendo. Hay que esforzarse por ese inicio, que empezar un libro sea algo que les apetezca, ya que imponer que se enfrenten a algo artístico me parece incluso antinatura, porque tiene que ser algo que disfruten.

Por último, cítanos alguno de tus referentes dentro de la literatura gallega.  

Estudié Filoloxía Galega, entonces hay muchísimos autores que podría decir, porque lo que me llevó a estudiarla fue precisamente la literatura gallega. Si tengo que decir alguien más clásico diría Álvaro Cunqueiro, porque recuerdo estar en el colegio, leer sus libros y llorar de risa. De lo más valioso que puede hacer alguien por ti es hacerte reír, sobre todo en los tiempos que corren, así que recuerdo a Cunqueiro con muchísimo cariño.

De poesía siempre me gustó mucho Luz Pozo Garza, porque tiene unos poemas muy visuales. Delicados, diría. Y en narrativa actual, me quedo con Xosé Carlos Caneiro y recomiendo a todo el mundo su novela Ébora.

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